"CÁRITAS SOMOS TODOS LOS CREYENTES EN CRISTO

                                                       

         Ofrecemos hoy en esta primera página de Pobo de Deus un resumen de las declaraciones de D. Jesús García Vázquez, Delegado Episcopal de Cáritas, publicadas en la revista "Cáritas Diocesana de Santiago de Compostela" del mes de junio.

                             LA PARROQUIA ES EL PUNTO DE PARTIDA

         "Cáritas, que es la Iglesia misma, no es una ONG de la Iglesia como se dice a veces; lo que pretende hacer es un mundo más fraterno; por consiguiente, Cáritas somos todos los creyentes en Cristo porque todos tenemos la obligación de anunciar la Buena Nueva de Jesús, todos tenemos que participar en la Liturgia y reflejarla en nuestra vida de cada día, y todos tenemos que preocuparnos de los más pobres recordando el proyecto evangélico: Amaos los unos a los otros como yo os he amado".
                                 "Y todo esto se realiza en la Parroquia, en la comunidad cristiana de base, que es continuadora del estilo de vida de Cristo. La Parroquia, además de anunciar y celebrar, se ocupa del servicio de la caridad, de la promoción del ser humano, del cambio social, de la denuncia profética, de la asistencia y ayuda a los empobrecidos que es lo que se trata de hacer en Cáritas".

    "Cuando una Parroquia no es capaz de hacer frente a la pobreza que encuentra, se junta con otras parroquias para responder mejor a las necesidades de las personas. Y, finalmente, la Cáritas Diocesana, como coordinadora de todas las Cáritas".

                                LOS VOLUNTARIOS SON LA COLUMNA
                                            CENTRAL DE CÁRITAS

                 "El motor de Cáritas es Cristo, pero los voluntarios son la base de la acción caritativa de la Iglesia y estos están en aumento en nuestra sociedad. El voluntariado social es un cuerpo altruista que prefiere servir a ser servido y encuentra su felicidad dándose a los más necesitados: está convencido de que tiene que haber un compromiso con los más débiles".

                "Pero el voluntario de Cáritas además de todo esto, va más allá, no se queda en una simple filantropía, descubre a Dios como trasfondo de todo y como Padre que nos quiere y nos ama. Lo descubre, sobre todo, detrás de cada ser humano; el servicio fraterno es le lugar privilegiado de acceso a Dios".

                                            ¿CON QUÉ IGLESIA SUEÑA?

     "Hacer un retrato de la Iglesia es imposible porque tiene muchas facetas, lo que puedo es destacar unas líneas de lo que me gustaría en relación con la Iglesia. Me gustaría una Iglesia:

   - Que prefiere ser sembradora de esperanza más que sembradora de miedos.
   - Que se preocupa más de ser auténtica que de ser numerosa, de ser sencilla, de ser de todos con
      sus distintas sensibilidades...
   - Que no tiene otra moral que la supremacía del amor en todo, que es lo que fundamentalmente vino       a enseñar Jesucristo. Un amor sin fronteras, eficiente, comprometido.
   - Una Iglesia sencilla, sin tanta pompa y ostentación, con menos ritualismo.

EVANGELIZAR, LA GRAN MISIÓN DE LA IGLESIA

                                                            
         En el Evangelio se nos recuerda el envío que Jesús hizo de los 12 Apóstoles y también de otros 72 discípulos a las aldeas y ciudades de Palestina a anunciar el mensaje de salvación que él trajo a la tierra.
                                 EVANGELIZAR ES TAREA DE TODO CRISTIANO

               Jesús envía, a parte de los 12 Apóstoles, el grupo de los 72 discípulos, indicándonos así que evangelizar no es hoy tarea exclusiva de los obispos, sucesores de los Apóstoles, ni de los sacerdotes que son, por vocación, colaboradores inmediatos de los obispos, sino que en esta importante tarea también tienen su parte el resto de los cristianos.
                                                                               Y ¿ qué es evangelizar? Evangelizar es anunciar a todos el Evangelio, anunciar el mensaje salvador que Cristo ha traído a la tierra: que Dios es nuestro Padre, padre de todos, y que, por tanto, todos somos hermanos. Y nuestra tarea como cristianos es construir un mundo nuevo donde reine la verdad, la justicia, el amor y la paz; un mundo donde se respete a todos y a nadie se desprecie por el color de su piel o por ser pobre o ignorante.

                                      LA EVANGELIZACIÓN ES MULTIFORME

    Sí, podemos evangelizar de múltiples formas: con un sermón o una homilía, con una conferencia o con un libro sobre temas evangélicos, con  una conversación o un simple consejo. Claro que no todos pueden escribir libros, pronunciar conferencias o predicar homilías. Sin embargo todos los cristianos debemos evangelizar: los ancianos y los jóvenes, los padres y las madres de familia, el cristiano sabio y el cristiano de escasa cultura, etc. Todos podemos y debemos evangelizar con un medio que está al alcance de muchos y que tiene una singular eficacia: Evangelizar con el testimonio ejemplar de la propia vida. Por algo solemos decir que las palabras impresionan pero los ejemplos arrastran.

                    El mismo Jesús dijo a sus discípulos: "Vosotros sois la luz del mundo...., brille vuestra luz ante los hombres, de suerte que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt. 5, 14-16). La fe no se transmite sólo con palabras, no es una pura idea; la fe es una vida: se transmite más bien por contagio. Cuando yo vivo aquello que predico a otros: perdono a mis enemigos, comparto lo mío con los más necesitados, cumplo fielmente con los deberes de mi estado y profesión, soporto con paciencia la enfermedad u otros contratiempos de la vida, entonces estoy siendo testigo de la fe que profeso, la estoy contagiando a otros.

         Animémonos a vivir de verdad nuestra fe cristiana, siempre y en todas partes, para que un día nos encontremos gozando en plenitud de la gloria eterna del cielo, en compañía de la Virgen María y de todos los santos. 

VALOREMOS EL DON DE LA VIDA HUMANA

                             

                                                   
     Jesús, en su vida pública, a la vez que anunciaba su  mensaje de salvación para toda la humanidad, se mostraba concretamente como fuerte defensor de la vida humana: en todas sus dimensiones. A Él acudían muchos enfermos a los que devolvía la salud física y espiritual: curaba sus dolencias corporales y perdonaba sus pecados.

                               GRAN DEFENSOR DE LA VIDA HUMANA

               Nosotros que nos llamamos cristianos, discípulos de Cristo, también debemos estar siempre a favor de la vida. Sí, a favor de la vida en un mundo en el que tantos mueren a diario por guerras, homicidios, suicidios o accidentes. Un mundo donde hay tantos que, adheridos a diferentes vicios, trabajan por su propia destrucción física y espiritual.
                                                                                    Los cristianos debemos valorar la vida propia y ajena. No olvidemos que la vida es un don de Dios, no una propiedad nuestra de la que podemos disponer a nuestro antojo. Nosotros somos simples administradores de un gran valor que Dios ha puesto en nuestras manos para que la administremos según su voluntad. Y nos ha dejado, además, un mandato expreso: "No matarás", escrito en la Biblia y grabado en la conciencia de cada ser humano.

    En el mandato "no matarás" Dios prohíbe que nos quitemos la vida física, prohíbe el suicidio, el asesinato, la violencia que lleva a la muerte. Pero en el "no matarás" se nos manda, al mismo tiempo, emplear todos los medios normales a nuestro alcance para conservar la vida: cuidar la salud y evitar todo aquello que pueda perjudicarla.

                               EDUQUEMOS EL CORAZÓN EN EL AMOR
                                                        Y EL PERDÓN

    En el mandamiento "no matarás" el Señor prohíbe todo tipo de violencia que pueda llevar a la muerte. Pero cuando hablamos de violencia no pensemos sólo en esa lista negra de asesinatos, atracos, violaciones, actos terroristas que salen en las páginas de los periódicos. Esa es la violencia externa, que perciben nuestros ojos. Pero esta violencia externa es fruto de otra violencia interna que se asienta en el corazón de cada persona. Son esos sentimientos de odio, de venganza o de simple malquerencia que uno lleva dentro y que luego, si no los vigilamos y controlamos, saltan al exterior en forma de insultos, desprecios o ataques físicos que pueden causar muertes.

              Es importante que eduquemos nuestro corazón en el amor y el perdón; y que, en esta dirección, eduquemos también a nuestros hijos, ya desde su tierna infancia.

   Pero no olvidemos que estar a favor de la vida no es sólo defender la vida física de una persona. La vida humana, además de su dimensión biológica, tiene una dimensión moral y espiritual. Todo lo que sea ir contra la buena fama y el prestigio moral de una persona, es atentar contra su vida. Y ¡qué poco cuidamos esto muchas veces! ¡Qué pronto se tejen historias falsas y se propagan chismes y cuentos y hasta calumnias que luego no se desmienten oportunamente!. Actuar así es también atentar contra la vida de una persona. A ello se refiere también el mandamiento del Señor "no matarás"          

UN TIEMPO LUMINOSO Y ALEGRE


                                             Estamos de nuevo en pleno verano, un tiempo de mucha luz y alegría; un tiempo que solemos asociar con las vacaciones y el descanso. Pero un tiempo que debemos vivir sensatamente.
                      Citamos el descanso como algo asociado al verano, pero sin olvidar que no todos gozan de vacaciones durante este tiempo. De todos modos, es bueno recordar que el descanso es algo muy necesario en la vida. La misma Biblia nos lo recuerda al hablar del precepto divino que ordena un día de descanso semanal, y también al presentarnos al mismo Dios como realizando en seis etapas o días el trabajo de la Creación y descansando el día séptimo.

                             ¿CÓMO CONCEVIR HOY EL DESCANSO?

                    El descanso es muy necesario, sin duda, sobre todo después de un trabajo intenso. Ahora, el descanso tampoco equivale a estar uno sin hacer nada. Los expertos dicen que el mejor descanso consiste en un cambio de ocupación y ambiente, sin preocupaciones absorbentes. Es normal que en este periodo de vacaciones dediquemos mas tiempo al sueño, a practicar algún deporte que no sea fatigoso o a respirar el aire limpio del campo o la montaña.
                                                                                               El verano y las vacaciones se prestan, por ejemplo, para leer algún libro importante que durante el resto del año no fue posible leer: algún tratado de espiritualidad, alguna biografía célebre. El verano se presta también para realizar algún viaje dentro o fuera del propio país, entrando así en contacto con otros ambientes y culturas, lo cual contribuye a ensanchar el horizonte de nuestras vidas y a crecer en apertura y comprensión hacia los demás.
                                      DISFRUTAR TAMBIÉN SIRVIENDO
                                      GRATUITAMENTE

               Sí, el verano y las vacaciones se prestan para dar rienda suelta a dos importantes valores: la creatividad y la gratuidad.  Un cristiano puede carecer de ocupación fija obligatoria, pero nunca debe estar inactivo, sobretodo habiendo como hay tanto que hacer en los más diversos campos, dentro y fuera de la propia vida.
                                      Así, por ejemplo, en tiempo de vacaciones, sería muy bueno dedicar una parte del quehacer diario a ciertos servicios sociales gratuitos como los que realizan los adscritos a Cáritas.
algo que estaría muy en sintonía con el Evangelio y daría al individuo una íntima satisfacción, que no se paga con dinero.
                                        Nosotros hemos nacido para disfrutar creando, construyendo, transmitiendo felicidad a otros, engendrando vida ... como imágenes que somos del Dios único, que también disfruta contemplando las obras de sus manos: " Y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno". (Gen 1, 11).
                                   ¿Sabremos, pues, divertirnos y ser felices durante el verano sin dar de lado el Espíritu? ¿Sabremos vivir en cristiano -el cristianismo auténtico nunca es aguafiestas- las vacaciones y  el descanso?
                                        

CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS

                                                
                                                     NOS PERSONA DIOS
               San Pablo en la carta a los Romanos (Rom. 3, 23-24) dice: "Todos han pecado y están privados de la gracia de Dios, pero son justificados gratuitamente (sin merecerlo), por medio de su gracia mediante la Redención en Cristo Jesús".
                                                                            El misterio del pecado está relacionado con el misterio del corazón humano: entre la maldad y los grandes ideales. Así nos habla Dios mismo: "Os daré un corazón nuevo. Os quitaré vuestro corazón de piedra y os daré un corazón de carne" (Ez. 36, 26). San Pablo afirma: "Sabemos bien que nuestro hombre viejo ha sido crucificado con Cristo, para destruir el pecado, para que no seamos esclavos del pecado". (Rom. 6,6)

  No vale la "autoabsolución", ya que el ser humano puede cometer el pecado, pero no puede perdonar el pecado: "¿Quién puede personar los pecados sino solo Dios?" (Mc. 2,7)

  Nos recuerda San Juan que "si alguno peca, tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo el Justo. Él es Víctima de expiación por nuestros pecados" (Jn. 2, 1-2)

    La sangre de Cristo destruye y borra el pecado, nos reconcilia con Dios y nos libera de esa atadura, del verdadero mal que es el pecado, origen de todo mal.
                                                                                          El Papa Francisco nos exhortaba: "Misericordia" - no olvidemos esta palabra - "Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca. El problema es que nosotros nos cansamos de pedir perdón" (Angelus del 17 de marzo de 2013)

                                   DIOS NOS PERSONA EN LA IGLESIA

   Por voluntad de Jesucristo tiene la Iglesia el poder y la facultad de personar los pecados: "Recibid el Espíritu Santo - dijo Jesús a los Apóstoles - A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos" (Jn. 20, 22-23) De este poder - por la sagrada ordenación - participan los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y los sacerdotes. Representan a Cristo y actúan en su Nombre.
                                                  La Escritura señala que lo más importante no es afirmar que somos pecadores, sino que Dios perdona los pecados. Y esto se realiza por ministerio del sacerdote al celebrar el sacramento de la reconciliación. Dios ofrece su perdón en la Iglesia.
 
    La consecuencia de ese perdón en la Iglesia es la regeneración (nacer de nuevo, espiritualmente).
Además, al ser personados por el mismo Dios, tiene lugar una verdadera renovación interior. El Espíritu Santo nos conduce a descubrir el pecado y a rechazarlo, liberándonos del mismo.

 Leo este texto, bien significativo, en la época de la primitiva cristiandad: "Nada puede perdonar la Iglesia sin Cristo y Cristo nada quiere perdonar sin la Iglesia. Nada puede perdonar al Iglesia sino a quién esta arrepentido, es decir, al que Cristo ha tocado con su gracia; Cristo no quiere considerar perdonado a quien desprecia recurrir a la Iglesia" (Isaac de la Estrella). 

ENCARNAR EL AMOR EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO

                                                      
 
  Traemos hoy a esta página  de Pobo de Deus el videomensaje del Papa Francisco con motivo de la inauguración en Bangui (República Centroafricana) del nuevo centro de salud del hospital Bambino Gesú (2-3-2019)
                               UN NUEVO CENTRO DE SALUD PARA NIÑOS

                        "Saludo con alegría a todos, queridos amigos del Hospital Pediátrico de Bangui, en la feliz ocasión de la inauguración de la nueva estructura sanitaria dedicada a los niños de la República Centroafricana.... Espero que se convierta  en un centro de excelencia, donde los niños encuentren respuestas y alivio a sus sufrimientos, con ternura y amor. ¡No me olvido! Guardo en mi corazón la mirada de dolor de los muchos niños desnutridos que encontré durante mi breve visita al hospital con motivo del viaje a vuestro país".

                                                    "Y recuerdo también las palabras de la doctora que estaba a mi lado:
"En su mayoría morirán, porque tienen malaria, fuerte, y están desnutridos". Yo lo escuché ¡No!, ¡esto ya no debe suceder! El sufrimiento de los niños es, sin duda, el más difícil de aceptar. El gran Dostoievski se preguntaba: "¿Por qué sufren los niños?". Tantas veces me pregunto yo lo mismo: ¿Por qué sufren los niños? Y no puedo encontrar una explicación. Sólo miro al Crucificado e invoco el amor misericordioso del Padre por tanto sufrimiento".

                 "Esta estructura  que se inaugura hoy es un signo concreto de misericordia, que tiene su origen en el Año Santo que quise abrir con antelación -el 29 de noviembre de 2015-, precisamente en Bangui. La primera puerta que se abrió fue la de Bangui, no la de San Pedro. Fue un gesto inspirado por el Señor. Al cruzar la Puerta Santa de la Catedral, dije: "Bangui se convierte en la capital espiritual de la oración por la misericordia del Padre".

                      QUIEN SIRVE A LOS ENFERMOS CON AMOR, SIRVE A JESÚS

     "Os animo a todos a llevar a cabo vuestra tarea de cuidar a los niños, impulsados por la caridad, pensando siempre en el Buen Samaritano del Evangelio: estad atentos a las necesidades de vuestros pequeños pacientes, inclinaos con ternura sobre sus fragilidades y ved en ellos al Señor. Quien sirve a los enfermos con amor, sirve a Jesús que nos abre el reino de los cielos. Este hospital nos recuerda a todos que lo que estamos viviendo que "es el tiempo de la misericordia" para que los débiles e indefensos, los que están lejos y solos sientan la presencia de hermanos y hermanas que los sostienen en sus necesidades".

                                   "Queridos hermanos y hermanas, al ejercer vuestra profesión médica, ¡sed artesanos de misericordia! Ojalá este nuevo hospital se convierta en modelo y punto de referencia para todo el país. Acordaos: en el enfermo está Cristo y en el amor del que se inclina sobre sus heridas está el camino para encontrarlo".
                                                                          (Papa Francisco)   

LA PRIMERA COMUNIÓN DE NUESTRO HIJO

       (Para la Iglesia la Primera Comunión es una celebración de fe, algo estrictamente religioso)
                        Es en los meses de mayo y junio cuando se acostumbra a celebrar en las parroquias las Primeras Comuniones, momento muy importante en la vida de los niños cristianos. Aunque el tiempo del año más apropiado para este tipo de celebraciones sacramentales (bautizos, confirmaciones, primeras comuniones) es el llamado - en el calendario cristiano - Tiempo de Pascua, que termina con el domingo de Pentecostés, también se pueden tener en el resto del año.

     Hoy nos referimos a las Primeras Comuniones que, como dijimos, representan un momento muy importante en la vida y educación cristiana de nuestros niños.
                                                                                               Y ¿Cuál suele ser la actitud de los padres, primeros educadores de sus hijos, ante este acontecimiento?
                                                                                                Depende mucho de su propia vivencia de la fe. De todos modos, tenemos la impresión de que, para bastantes de ellos, la Primera Comunión de sus hijos no pasa de ser un mero acto social, una fiesta familiar como otra más, un espectáculo tierno
No alcanzan a ver y valorar la trascendencia de este acto religioso.

                                          SE NECESITA UNA BUENA PREPARACIÓN

                                     Es muy importante que los niños se preparen bien para su Primera Comunión.
Por ella se incorporan de forma consciente a la comunidad cristiana adulta y manifiestan, a su modo, que desean seguir a Jesús.
                                                  Lo normal es que, a partir de los seis años, asistan semanalmente a la Catequesis parroquial de niños. Una catequesis que, por su forma de impartirse, hace que los niños no sólo adquieran conocimientos sino que, además, se vayan sintiendo miembros de una comunidad celebrativa. Y hacia los nueve años de edad es cuando se les invita a celebrar la Primera Comunión, para la, cual recibirán una preparación específica en la misma parroquia.

                                         ¿SOLOS O EN GRUPO?

   Es una pregunta que suele hacerse con motivo de las Primeras Comuniones. Nuestra respuesta es clara: Preferentemente en grupo, dado el carácter comunitario y más participativo de esta forma de celebración. Eso sí, hay que evitar tanto el individualismo como la masificación. El ideal es que sea una celebración con carácter íntimo, familiar y comunitario, además de religiosa y festiva.

   Naturalmente es indispensable la colaboración de los padres con la parroquia. Para ellos suelen organizarse  encuentros previos a los que deben asistir ambos: padre y madre.

       Finalmente conviene recordar que la Primera Comunión no es una meta. El niño debe seguir madurando su fe a través de la catequesis y debe seguir celebrando el sacramento del perdón y el de la Eucaristía. Y hacia los 14-16 años culminará (o debiera culminar) su iniciación cristiana con el sacramento de la Confirmación.