EL DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

                                                   
     El próximo 12 de noviembre se celebra el Día de la Iglesia Diocesana. Una jornada que pretende despertar en los católicos la conciencia de su pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, a la que quedaron incorporados por el sacramento del Bautismo. Una Iglesia extendida por todo el mundo y organizada territorialmente por diócesis y parroquias. Al frente de cada diócesis hay un obispo y al frente de cada parroquia, un sacerdote.
                                       Los católicos que residimos en la ciudad de Pontevedra pertenecemos a la diócesis de Compostela, una de las cinco diócesis de Galicia, la mayor en extensión territorial y en número de habitantes.
                                    AMEMOS A LA IGLESIA Y AYUDÉMOSLA

  A veces se oye decir a algunos: "Yo creo en Dios, pero no creo en la Iglesia". Y si preguntas; ¿Por qué no crees en la Iglesia?, enseguida salta la respuesta: "Porque no creo en los curas". Quien así habla, tal vez conozca algún caso de sacerdotes poco ejemplares en el ejercicio de su ministerio o poco implicados en los problemas sociales de la parroquia.
                                                                                          Otros dicen que no creen en la Iglesia porque conocen bastantes casos de personas "muy de Iglesia" que en su vida familiar, social o profesional tienen fallos muy notables.
                                           Pues bien, reconocemos que en la Iglesia que camina por este mundo hay pecados, porque la formamos hombres y mujeres de carne y hueso; hambres y mujeres que sentimos la tentación al mal y no siempre la superamos; hambres y mujeres con virtudes y defectos. Y, sin embargo, debemos afirmar, una vez más, que no seremos auténticos cristianos si nos alejamos de la Iglesia, si no la amamos y no la ayudamos, como parte que somos de ella, a superar esos defectos.

                               NUESTRA PERTENENCIA A LA IGLESIA
                                                      DIOCESANA

  Hoy queremos referirnos a nuestra iglesia diocesana. Es importante que adquiramos conciencia de nuestra pertenencia a ella y que sepamos también quién es nuestro pastor diocesano, el obispo o arzobispo que la rige.
                                             Cuando en la calle preguntas a alguien cuál es su parroquia te responde enseguida correctamente. Pero si le preguntas por su diócesis, la respuesta es muchas veces negativa, no lo sabe.
                          Pues bien, la diócesis de los que hacemos y leemos Pobo de Deus es la de Santiago de Compostela, una de las grandes diócesis de España, como hemos dicho ya, tanto en extensión territorial como en número de habitantes. A ella pertenecen, además de una amplia zona rural, tres importantes ciudades gallegas: Santiago de Compostela, A Coruña y Pontevedra.

               Nuestro pastor diocesano es actualmente Don Julián Barrio Barrio y con él colabora desde hace algunos años, como Obispo Auxiliar, Don Jesús Fernández González.
                                                                                                                        Para una mayor eficacia pastoral, nuestra Diócesis está dividida actualmente en tres vicarias episcopales territoriales con sede en cada una de las tres ciudades citadas; y al frente de cada vicaría hay un sacerdote de la Diócesis con el título de Vicario Episcopal Territorial.
                                                                    Por otra parte, en el ámbito de nuestra Diócesis, funcionan actualmente varias decenas de centros de enseñanza pertenecientes a la Iglesia y dirigidos, en su mayoría, por personal de institutos de vida religiosa. Y funcionan también centros de acogida para niños huérfanos, para personas pobres o enfermas y para ancianos sin familia.     

MIRANDO A LA OTRA VIDA

       Estamos en el mes de noviembre, el último mes del año en el calendario de la Iglesia. Un mes que empieza con dos celebraciones litúrgicas que nos invitan a mirar hacia la otra vida que nos espera más allá de la muerte: el Día de Todos los Santos y la Conmemoración de los Files Difuntos.

                              LA  SOLEMNIDAD DE TODOS LOS
                                                      SANTOS

          Es una celebración solemne y festiva, en que la Iglesia, que peregrina por la tierra, tributa un homenaje a la multitud de hombres y mujeres que viven eternamente felices con Dios en el Cielo. Todos, sin duda, tendremos allí a miembros de nuestra familia y a muchos amigos y conocidos con los que un tiempo convivimos aquí en la tierra.
                                                                   Una jornada que nos recuerda también esa vocación universal a la santidad, de la que nos habló el concilio Vaticano II. Todos estamos llamados a vivir santamente aquí en la tierra. Y vivir santamente no es hacer cosas extrañas o llamativas; es tratar de cumplir con fidelidad los mandamientos de la Ley de Dios y las normas de vida que nuestra condición de cristianos nos pide.
                                         La solemnidad de todos los Santos no debiéramos vivirla como subordinada al "día de Difuntos". Son dos celebraciones distintas con un mensaje religioso diferente. Muchos cristianos, de hecho, no le dan la importancia debida a esta gran celebración y piensan sólo en el día de Difuntos para rezar por ellos y cuidar en el cementerio las tumbas de sus familiares. Es decir, anticipan esta jornada al día 1 de noviembre, fiesta de todos los Santos.

                                  LA CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES
                                                             DIFUNTOS

                          Esta es una celebración, como decíamos antes, penitencial y de súplica. Nos recuerda a esos hermanos nuestros que han muerto y pasan por una última etapa de purificación de la pena temporal, merecida por pecados cometidos y ya perdonados en cuanto a la culpa. Ellos y nosotros somos miembros de la misma Iglesia de Cristo. Y nosotros, los que aún peregrinamos por la tierra, podemos ayudarles en esa purificación con nuestros sufragios (oraciones y buenas obras) ofrecidos a Dios por ellos.
                        El día de Difuntos subraya también el hecho mismo de la muerte. Recordemos que la muerte, vista sin angustia pero con mirada realista, fomenta la sensatez en el corazón humano y nos invita a seguir caminos que orientan hacia la salvación eterna.
                                                                                                Esos caminos son las Bienaventuranzas, propuestas por el mismo Cristo en el Sermón de la Montaña. Un sermón que con razón se ha llamado la Carta Magna del Reino mesiánico. En las palabras de Jesús hay, ante todo, amor y consuelo para los pobres, los humildes y los atribulados. Así, él llama bienaventurados a los pobres en el espíritu, es decir, a los humildes y sencillos. Llama bienaventurados a los misericordiosos, es decir, a los que son muy sensibles al dolor ajeno y están siempre dispuestos a olvidar las ofensas recibidas. Llama también bienaventurados a los limpios de corazón, es decir, a los que huyen de la hipocresía, son sinceros y rechazan las malas ideas y los malos sentimientos. En fin, leamos íntegro el capitulo quinto del Evangelio de San Mateo, donde encontramos el resto del sermón de la Montaña. Y no olvidemos que lo importante es que tratemos de incorporar a nuestras vidas este programa santo que Jesús nos ha dejado.
     

EN EL DÉCIMO ANIVERSARIO DE SU BEATIFICACIÓN,"TESTIGO DE LA FE"

               Francisco Jesús Carles González, nació en San Julián de Requeijo, Pontecesures (Pontevedra) el 14 de enero de 1894. Hijo de Secundino Carles Caeiro y Manuela González García, naturales de esta, de San Julián de Requeijo.
                                                        Siendo todavía niño, ingresó como postulante en el Colegio Franciscano de Santiago de Compostela. A los quince años ingresa en el Colegio de Regla, en Chipiona (Cádiz). Allí inició el noviciado el 19 de marzo de 1909 Hizo la profesión de votos temporales el 28 de marzo de 1910 Y la solemne, también en el Santuario de Regla, el 12 de abril de 1913
Acabada la carrera sacerdotal (1910-17), fue ordenado presbítero en Córdoba el 2 de junio de 1917.
                                                   Su primer destino fue el Convento de Fuente Ovejuna (Córdoba), de donde fue nombrado discreto el 25 de abril de 1919.
                            Finalizado el trienio, es destinado como misionero a la Custodia de Tierra Santa, a la que llega el 26 de junio de 1922   Un mes mas tarde comienza el servicio reglamentario en el Convento de la Basílica del Santo Sepulcro. Desde Jerusalén pasa al Convento de Santa Catalina de Belén; mas tarde a San Juan de Ain Karen. En el Convento de Alepo, destinado al aprendizaje de idiomas, estudió árabe y perfeccionó sus conocimientos de italiano y francés. Perfectamente preparado fue enviado en 1926 a la parroquia de Knaye (Siria), en calidad de coadjutor parroquial. De nuevo regresa a Alepo.
                                     En 1928 designado guardián y párroco de Er-Ram, arrabal de Alepo.  En 1931 pasa a residir como párroco en el Convento de San Juan de Ain-Karem, hasta su regreso definitivo a la provincia.
                       En octubre de 1934 emprendió viaje de regreso a Chipiona, a donde llegó el 30 de enero de 1935. En mayo de ese año pasó a residir a Fuente Obejuna, en donde la Providencia le tenía reservada la Palma del Martirio.  

ANTE UN NUEVO CURSO ACADÉMICO

       

        Estamos comenzando un nuevo curso académico y es bueno recordar que en él los alumnos reciben instrucción pero deben recibir también educación. Instrucción y educación son dos temas importantes pero distintos. Lo bueno sería que ambos fueran bien atendidos y comunicados a los alumnos ya desde la escuela primaria.
                      ACLARANDO CONCEPTOS

   Con la instrucción lo que hacemos es que el alumno aprenda cosas, adquiera un determinado nivel de conocimientos, sepa mucho de historia, de geografía, de matemáticas, de las diversas asignaturas que figuran en el curso escolar.
                                                                   La educación, en cambio, pretende que el alumno madure progresivamente como persona, se haga más responsable de sus actos y aprenda a hacer frente a los problemas que surjan a lo largo de la vida. Diríamos, por tanto, que si la instrucción es importante, más aún lo es una buena educación.
El ideal es que las dos caminen juntas.
                                                              Ahora, la tarea de educar no es sólo propia del centro escolar. El primer centro educativo debe estar en la familia, educar es tarea principal de los padres, ellos son los primeros educadores de sus hijos. Ellos deben interesarse porque sus hijos adquieran unas creencias y unos principios morales en que basar su conducta; que tengan unas costumbres y unos hábitos dignos; que sean personas honradas, fieles y veraces.

                    IMPORTANCIA DE LA CATEQUESIS

   Partiendo del papel tan importante de la familia, sobre todo de los padres, en la educación de sus hijos, si estos padres son cristianos, su papel de educadores implica transmitir a sus hijos una catequesis sobre las verdades de nuestra fe. Ellos deben ser también los primeros catequistas de sus hijos en el hogar. Catequistas con la palabra y, sobre todo, con el ejemplo de sus vidas cristianas. Pero sin olvidar que esta importante tarea doméstica deben completarla enviando a sus hijos a la catequesis parroquial. Allí los niños y adolescentes, además de adquirir conocimientos sobre la fe cristiana, se acostumbran a celebrarla comunitariamente con otros compañeros y personas mayores. Así van adquiriendo algo muy importante: el sentido comunitario de la vida cristiana. Sí, yo no soy cristiano aisladamente, lo soy en comunión con los demás cristianos. Todos somos miembros de una gran comunidad, que es la Iglesia.
                    EL PARECER DE UNOS JÓVENES
                                        CRISTIANOS

             Hace algunos años jóvenes pertenecientes a movimientos cristianos afirmaban que el clima de fe en sus hogares les había ayudado decisivamente a tomar en serio a Jesucristo, a seguir su doctrina y a imitar su vida. Y, dentro del ámbito familiar, valoraban especialmente el que los padres se quisieran entre sí, se preocuparan mucho por el bien de sus hijos y se relacionaran amistosamente con todos.
                                          En fin, lo que más valoran de sus padres, aunque no siempre estén de acuerdo con sus ideas, es le testimonio práctico y la coherencia en sus vidas.

"LOS SANTOS, TESTIGOS Y COMPAÑEROS DE ESPERANZA"

                                        
                                   
   Traemos hoy esta página de Pobo de Deus palabras del Papa Francisco alusivas a los santos como testigos y compañeros de esperanza. Alude el Pontífice a tres momentos de la vida cristiana en que son especialmente invocados: en el Bautismo, en la celebración del Matrimonio y en la liturgia de la Ordenación Sacerdotal. 
                      EN EL DÍA DE NUESTRO BAUTISMO
 
                                                           "El día de nuestro Bautismo se repite para nosotros la invocación a los santos. Muchos de nosotros en ese momento éramos niños en los brazos de nuestros padres. 
                                          Poco antes de recibir el óleo de la unción bautismal como catecúmenos, símbolo de la fuerza de Dios en la lucha contra el mal, el sacerdote invita a toda la asamblea a rezar por aquellos que están a punto de recibir el bautismo, invocando la intercesión de los santos. Esta es la primera vez que en el curso de nuestra vida, se nos regala la presencia de los hermanos y hermanas "mayores", que han pasado por nuestro mismo camino, que han vivido nuestras mismas fatigas, y viven para siempre en el abrazo de Dios".

           EN LA CONSAGRACIÓN DEL AMOR CONYUGAL 

   "La del bautismo no es la única invocación a los santos que marca el camino de la vida cristiana. Cuando los novios consagran su amor en el sacramento del matrimonio, se invoca, de nuevo, para ellos -en esta ocasión como pareja- la intercesión de los santos. Y esta invocación es fuente de confianza para los dos jóvenes que parten hacia el "viaje" de la vida conyugal. Quien ama de verdad tiene la necesidad y el valor de decir "para siempre", pero también sabe que necesita de la gracia de Cristo y de la ayuda de los santos.
Por esto, en la liturgia nupcial, se invoca la presencia de los santos"

            UN MOMENTO CONMOVEDOR DE LA
                   ORDENACIÓN SACERDOTAL

   "También los sacerdotes custodian el recuerdo de una invocación a los santos pronunciada sobre ellos. Es uno de los momentos más conmovedores de la liturgia de la ordenación. Los candidatos se echan a tierra, con la cara vuelta hacia el suelo. Y toda la asamblea
guiada por el obispo, invoca la intercesión de los santos.
  Un hombre, que permanece aplastado por el peso de la misión que se le confía, pero que al mismo tiempo siente todo el paraíso en sus espaldas; siente que la gracia de Dios no faltará, porque Jesús permanece siempre fiel, y por tanto se puede partir serenos y llenos de ánimo. No estamos solos".

              NUESTRA HISTORIA NECESITA MÍSTICOS

  "Somos polvo que aspira al cielo. Débiles en nuestra fuerzas, pero potente el misterio de la gracia que está presente en la vida de los cristianos. Somos fieles a esta tierra, que Jesús ha amado en cada instante de su vida, pero sabemos y queremos esperar en la transfiguración del mundo, en su cumplimiento definitivo, donde finalmente no habrá más lágrimas, ni maldad ni sufrimiento. Que el Señor nos dé la esperanza de ser santos. Es el gran regalo que cada uno de nosotros puede devolver al mundo. Que el Señor nos dé la gracia de creer tan profundamente en Él, que podamos volvernos imagen de Cristo en este mundo. Nuestra historia necesita "místicos". Tiene necesidad de personas que rechazan todo dominio, que aspiran a la caridad y a la fraternidad. Hombres y mujeres que viven aceptando también una porción de sufrimiento, porque se hacen cargo de la fatiga de los demás. Y sin ellos, estos hombres y mujeres, el mundo no tendría esperanza".

  

CARÁCTER SACRAMENTAL DEL MATRIMONIO CRISTIANO

                           

           Dedicábamos recientemente esta página de Pobo de Deus al Bautismo, el primero de los siete sacramentos que Cristo ha dejado a su Iglesia. Hoy queremos referirnos al Matrimonio, que, entre cristianos, es uno de los siete sacramentos instituidos por Cristo, y cuyo carácter sacramental queremos precisamente destacar.

         Hablar de los siete sacramentos es hablar de siete acciones o signos visibles que Cristo ha dejado a su Iglesia, a través de los cuales expresa y celebra la presencia invisible del Redentor en nuestras vidas. El Matrimonio entre cristianos es, por tanto, uno de esos siete signos sagrados y merece un especial respeto y atención.


               Recordemos que todo matrimonio, también el meramente civil, incluye estos elementos: unos esposos que se aman, un compromiso de fidelidad mutua hasta la muerte, y la procreación y educación de los hijos, fruto natural del amor conyugal.

                 Pero - como venimos diciendo - el matrimonio entre cristianos es también un sacramento. Ello significa que el amor mutuo entre los esposos manifiesta y expresa el amor y entrega fiel e indestructible de Cristo a su Iglesia. La pareja conyugal, en este caso, pone a Cristo como fundamento y sentido de su vida matrimonial, y las dos propiedades esenciales del matrimonio - unidad e indisolubilidad - alcanzan una especial firmeza.

                  UNA ADECUADA PREPARACIÓN

   Naturalmente, las grandes decisiones que se toman en la vida piden una reflexión previa y una adecuada preparación.

  Con esto no se trata de complicar las cosas sino de ayudar a los novios a buscar un camino en un clima de sinceridad y diálogo. Se trata de que descubran los valores del amor humano y de que despierten, alimenten y maduren su fe; se trata de facilitarles el tomar una decisión consciente, libre y responsable de cara a su futuro como esposos, y de ayudarles también a comprender y a vivir el rito de la propia celebración.
                                                          Entre los medios para esta preparación, además del diálogo personal con el sacerdote de la propia parroquia, está a la asistencia a un cursillo prematrimonial que suele organizarse en las diferentes zonas de la Diócesis.

   Algo que deben tener muy presente los que proyectan contraer matrimonio es que no sólo están llamados a convivir como pareja sino también a ser padres y educadores de los posibles hijos.
Los primeros educadores son siempre los propios padres. La escuela, el colegio, la parroquia... pueden contribuir, y contribuyen en esta tarea tan importante, pero los padres, con quienes van a convivir los hijos, son los principales responsables de una buena educación; educación que se imparte con la palabra y, sobre todo, con una conducta ejemplar.

                         ¿DÓNDE NOS CASAMOS?

                      Unos dos o tres meses antes de la fecha de la boda, los novios deben presentarse en la parroquia donde residen actualmente (cada uno en la suya propia), para comunicar al párroco su proyecto matrimonial e iniciar el arreglo de la documentación correspondiente.
                                                   ¿Dónde se celebrará la boda?
La boda normalmente se celebra en la parroquia de uno de los dos contrayentes indistintamente. También puede celebrarse en la parroquia donde van a fijar su domicilio de casados. Lo que no es aconsejable es andar eligiendo determinadas iglesias por motivos puramente suntuarios y decorativos. 

EL ESPÍRITU DE SERVICIO, UNA ACTITUD CRISTIANA


              
Nos dice el Evangelio que un día, subiendo Jesús a Jerusalén, tomó aparte a sus discípulos y por tercera vez les dijo que allí el Hijo del Hombre iba a ser entregado a los sumos sacerdotes y maestros de la ley, que le condenarían a muerte y le entregarían a los paganos para ser crucificado.
                        Con este anuncio introduce Jesús su enseñanza sobre el servicio a los demás como condición necesaria para ser grande en el Reino de Dios. Y añade: "El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan sino para servir y dar su vida en rescate por muchos" Él, por consiguiente, es el gran testimonio al que debemos mirar y al que debemos seguir.

                    INTRODUCE VALORES NUEVOS Y
                                         DISTINTOS

                       Sí, el Evangelio de Jesús introduce valores nuevos y distintos de los que el mundo nos propone. Uno muy importante es, precisamente, el del servicio a los demás. El Reino de Dios no es para quienes buscan situarse cómodamente en la vida u obtener un puesto de dominio sobre los demás. En el Reino de Dios no se conceden puestos de honor. El ejemplo del Maestro es bien claro: SERVIR A LOS DEMÁS es condición indispensable para pertenecer al Reino de Dios. Jesús insiste en que la aceptación del Evangelio exige sacrificios y renuncias. Pero vale la pena recorrer este camino que nos ofrece Jesús, porque nos lleva hasta Dios, nos conduce directamente al Reino de los Cielos.

           Es interesante que nos fijemos también en la escena en que aparece la madre de los Zebedeos, Santiago y Juan. Ella se acerca a Jesús y le pide para sus hijos los dos primeros puestos en el Reino que Él anuncia. Una madre desea siempre lo mejor para sus hijos. Pero en este caso ni ella sabía lo que pedía, como recuerda el Evangelio, ni ellos tampoco lo sabían. Y lo curioso es que los otros diez, tal vez llevados de la envidia, se indignaron contra los dos hermanos.
                    MI REINO NO ES COMO LOS DE
                                      ESTE MUNDO

   Y es ahora cuando Jesús toma la palabra y puntualiza. En mi Reino, dice, no sucede como en los demás reinos de este mundo.
En mi Reino el que quiera ser grande ha de ser vuestro servidor, y el que quiera ser el primero que sea vuestro esclavo; igual que el Hijo del Hombre, que no ha venido a que le sirvan sino a servir y a dar su vida por todos.
                                      Es muy importante captar bien esta lección que nos da Jesús. Sí, en cualquier puesto que ocupemos en la vida,
dentro o fuera de la Iglesia, y por muy elevado que este sea, desde él hemos de vivir como servidores de los demás. En este sentido es llamativo y ejemplar el lema tradicional del Romano Pontífice: "Servus Servorum Dei". El Papa, que ocupa en la Iglesia el puesto más elevado, ha de considerarse siempre "SIERVO de los siervos de Dios" y ejercer con humildad su ministerio. Igualmente el obispo y el presbítero, desde el puesto que ocupen, han de sentirse y ser siempre servidores de la comunidad que presiden. Ojalá que esta conciencia de servidores de los demás se afiance de verdad en nuestras vidas.