EL DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

                                              
 
           El Domingo, día 11 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Una fecha que debemos destacar en nuestra agenda religiosa. Todos pertenecemos a la Iglesia de Cristo desde el día de nuestro Bautismo, somos miembros de ella. Ahora, esta única Iglesia, presente en todos los países del mundo, tiene su propia organización que la hace más cercana a los millones de fieles que la integramos.
                          CONOCER, AMAR Y SERVIR A LA IGLESIA

   A nivel mundial, la cabeza visible de la Iglesia es el Papa; pero a nivel más local, al frente de las diversas diócesis, están los obispos. Nosotros, en concreto, pertenecemos a la Iglesia diocesana de Santiago de Compostela, regida por el Arzobispo Don Julián Barrio, al que acompaña, como Obispo Auxiliar, Don Jesús Fernández.
                                                             ¿Qué nos pide esta jornada de la Iglesia Diocesana? Nos pide, ante todo, que seamos conscientes de nuestra pertenencia a ella. Que tratemos de conocerla lo más posible, que la amemos de verdad y que la ayudemos en su tarea evangelizadora.

                                                 De las cinco diócesis que hay en Galicia, la nuestra es la más extensa territorialmente y la que cuenta con mayor número de habitantes. A ella pertenecen tres importantes ciudades: Santiago de Compostela, A Coruña y Pontevedra, un número considerable de villas y una amplia zona rural. El número total de parroquias que la integran supera el millar, agrupadas a su vez en 49 arciprestazgos.
                                              Actualmente nuestra Diócesis está dividida en tres vicarías episcopales territoriales, con un Vicario episcopal al frente de cada una. Esta división de la Diócesis facilita, sin duda, la labor apostólica del Arzobispo, ya que cada Vicario Episcopal actúa en su nombre, con poderes especiales al efecto.
                                                EL IMPOSTANTE PAPEL DE LA PARROQUIA

                          Sí, dentro de la Diócesis, hay que destacar el papel importante de la parroquia. Ella es el organismos eclesial más cercano a los fieles cristianos. Al frente de cada parroquia, nombrado expresamente por el Arzobispo, hay un sacerdote al que llamamos párroco. Si bien es cierto que en parroquias de ciudad, por su elevado número de feligreses, suelen trabajar más de un sacerdote, en la amplia zona rural - donde el porcentaje de habitantes ha disminuido notablemente - un solo sacerdote es el responsable de varias parroquias. De todos modos, un tema preocupante hoy, en el ámbito eclesial, es también la notable disminución de vocaciones al sacerdocio. Actualmente en nuestra Diócesis compostelana, el número de jóvenes seminaristas que, en el Seminario Mayor, se preparan para recibir próximamente el sacerdocio ministerial, se aproxima a los treinta. Parte de ellos proceden de la Universidad con su carrera civil concluida o medio a realizar. Son jóvenes conscientes de la responsabilidad que implica la vocación sacerdotal y, por ello, ofrecen la garantía de un futuro ministerial digno y esperanzador.
                                                      Finalmente, no olvidemos que en nuestra Diócesis hay también parroquias importantes atendidas por sacerdotes de congregaciones religiosas. Un servicio que debemos agradecer mucho.
                                           Día de la Iglesia Diocesana, un día importante para conocer mejor nuestra Diócesis, involucrarnos en ella y prestarle nuestro servicio y amor desde el puesto que cada uno ocupemos.   

"CREO EN LA VIDA ETERNA

                                                         
           En el calendario de la Iglesia el mes de noviembre nos invita a mirar a la Vida Eterna, esa vida sin fin que nos espera más allá de la muerte. Un mes que empieza con dos celebraciones importantes: la Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos.

                           UNA CELEBRACIÓN ALEGRE Y FESTIVA

                La Solemnidad de Todos los Santos nos invita a mirar al Cielo y a rendir homenaje a tantos miles de hermanos nuestros, hombres y mujeres de todas las edades, que viven inmensamente felices, gozando de la presencia amorosa de Dios.

                        La Solemnidad de Todos los Santos invita también a meditar esta palabras de Jesús en el Evangelio:  "En la Casa de mi Padre hay muchas estancias y yo voy a prepararos sitio, para que donde esté yo estéis también vosotros" (Jn 14, 2-3)
                                                                                  Palabras que invitan a vivir, aquí en la tierra, con la esperanza firme  de alcanzar más tarde la gloria del Cielo.
Ahora, cuando hablamos de mirara al Cielo, no es para desentendernos de la Tierra, en la que ahora vivimos y donde todos tenemos una tarea que realizar, sino para realizar esa tarea con mayor entusiasmo y sentido de responsabilidad.
                                                                 La Solemnidad de Todos los Santos debiéramos vivirla en un clima de fiesta. Es un día para saborear anticipadamente el destino feliz que Dios tiene reservado para sus fieles.
                             UNA JORNADA PENITENCIAL Y DE SÚPLICA

              Tal es la Conmemoración de los Fieles Difuntos, que tiene su fecha l días dos de noviembre. Una celebración distinta de la anterior. En ella recordamos con amor a esos hermanos nuestros que han dejado este mundo y están viviendo, antes de entrar en la gloria del Cielo, una etapa última de purificación  de la pena temporal merecida por sus pecados. Pecados que ya habían sido perdonados en cuanto a la culpa.
                                 El estado en que se encuentran estas almas se llama Purgatorio. La Iglesia  nos pide que, con nuestros sufragios (oración, actos penitenciales, obras buenas) ofrecidos a Dios por ellos, les ayudemos a anticipar su purificación.
                                                                                           El mes de noviembre suele llamarse también "mes de Difuntos" . Se subraya así el mismo de la muerte y la finitud  de las realidades terrenas. Hoy que se busca alocadamente el disfrute inmediato de las cosas, olvidando la dimensión moral de nuestra vida, es bueno meditar sobre el tema de la muerte. Un tema que, visto sin angustia pero sí con mirada realista, fomenta la sensatez en la persona humana.

                                    LOS CAMINOS QUE LLEVAN AL CEILO

                  Es bueno meditar con frecuencia las formas de vida que nos llevan a la felicidad eterna. La Iglesia, en la liturgia del día de Todos los Santos, nos propone como lectura evangélica el texto de las Bienaventuranzas.  Son caminos que el mismo Jesús señala para alcanzar la Felicidad Eterna: ser pobres en el espíritu: Ser humildes y sencillos, entregados generosamente al servicio del prójimo. Ser sufridos: llevar con serenidad el dolor, la enfermedad o los contratiempos de la vida. Ser limpios de corazón: no cultivar la trampa y la mentira, ser auténticos. Ser misericordiosos: vivir atentos a las necesidades del prójimo; repartir cariño, ánimo y comprensión. Ser pacificadores: Constructores de paz, acogedores, personas que no incordian y saben controlar los impulsos. Tener hambre y sed de Justicia: Buscar siempre el bien en todas sus formas.
                                                                                           Son caminos que Jesús propone para alcanzar esa meta feliz que llamamos Cielo. Decidámonos a seguirlos.

UNA VIRTUD BÁSICA EN LA VIDA DEL CRISTIANO

          
 
              El orgullo, la autosuficiencia, el afán por el poder y los primeros puestos es la moneda más apreciada en el mundo. Pero no es la moneda para entrar en el Reino de Dios. En el Evangelio Jesús nos invita a ser humildes, a no buscar los primeros puestos y las alabanzas de la gente; y concluye:
"Aquel que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

                                          CUALIDADES DE UNA PERSONA HUMILDE

              ¿Qué es la humildad?  ¿Qué significa ser humilde?  Ser humilde no significa ser una persona apocada, cobarde, sin iniciativas personales, que siempre se considera indigna e incapaz de muchas cosas.
                  Humilde es aquel que, en la vida, sabe estar en el puesto que le corresponde, consciente de sus derechos pero, a la vez, fiel cumplidor de sus deberes. El humilde no ignora sus propios valores, sus excelentes cualidades, pero también ve y acepta sus propias limitaciones y defectos. El humilde no se supervalora y valora siempre a los demás; sabe alegrarse con las alegrías del prójimo y no se deja dominar por la envidia ante los triunfos y éxitos  de los demás. El humilde procura ser natural y sencillo en todo, ocupe el puesto que ocupe; no es grosero ni agresivo en sus expresiones, no hiere despiadadamente a los demás. Santa Teresa de Jesús nos dio una buena definición de la humildad cuando dijo: "Ser humilde es andar en la verdad", saber ser lo que uno es y saber luchar por lo que Dios espera de cada uno.

                                     AGRADABLES A DIOS Y A LOS DEMÁS

   Sí, la humildad nos hace gratos a Dios, porque nos hace sentirnos dependientes de Él y hace que en nuestro corazón brote el sentimiento de adoración, de sumisión y gratitud a nuestro Creador y Padre

    Pero la humildad nos hace también agradables a los demás porque favorece la convivencia, crea un clima de paz, de confianza y de alegría. Con una persona humilde uno se siente siempre a gusto, se siente valorado, respetado y querido.
                                                                   Los conflictos entre mayores y jóvenes, entre personas con opiniones distintas, las crisis de obediencia y autoridad tienen siempre un trasfondo de soberbia. Todos quieren tener siempre la razón, hacerse con el poder, imponer la propia verdad.

   "¡Hay que dialogar!", decimos con frecuencia; pero por dialogar entendemos, muchas veces, que el otro acepte mis puntos de vista. Y eso no es dialogar; es imponer mi voluntad por encima de todo. Falta humildad.
                         Nunca olvidemos estas palabras de Jesús en el Evangelio: "El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido". Esforcémonos por aprender del Señor a ser sencillos y humildes de corazón: seremos felices aquí en la tierra y marcharemos por buen camino hacia la felicidad eterna del cielo.  

LA EUCARISTÍA, ALIMENTO ESPIRITUAL DEL CRISTIANO

                                                       
  
                         "Yo soy el Pan vivo bajado del cielo: el que coma de este Pan vivirá para siempre". He aquí una de las afirmaciones de Jesús que más extrañeza y escándalo causaron a sus oyentes. Muchos discutían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne o a beber su sangre? Y, sin embargo, Jesús insistía: "Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida". Es más, "si no coméis mi carne o bebéis mi sangre, no tendréis vida en vosotros".

                                                   PRESENCIA REAL DE CRISTO

   Jesús, al hablarnos del Pan bajado del Cielo se refiera a la Eucaristía. Y nos habla de una presencia real del Señor en el pan y el vino consagrados en cada misa. Una forma de presencia espiritualizada pero real.
                En la vida importa mucho alimentar bien el cuerpo, pues la salud física depende en gran medida del tipo de alimentación que practicamos.
                                                                                Pero nosotros no somos sólo cuerpo, tenemos también un alma espiritual que necesitamos alimentar; pero esto no se hace con el pan ordinario y otros manjares elaborados en nuestras cocinas. Necesitamos un Pan especial, el Pan vivo bajado del Cielo, del que nos habla Jesús en el Evangelio.
                                                                           En la vida ordinaria ocurre también, a veces, que una persona toma comidas sanas, pero no asimila debidamente eso que come. Pues en al vida religiosa ocurre algo parecido: ¡cuántos hay que comulgan frecuentemente y, sin embargo, padecen anemia espiritual, no se nota mejoría en ellos! Aquí lo que falla no es la calidad del alimento, lo que falla es la asimilación. La Comunión no es un alimento que transforma milagrosamente a los que comulgan.
La Comunión eucarística exige fe en el que recibe y una actitud de obediencia al Evangelio. Sólo los que comulgan así van poco a poco transformando sus vidas!

                                         VALORAR MUCHO LA EUCARISTÍA

     Necesitamos como creyentes valorar mucho la Eucaristía y no convertirla en un simple acto social, como hacen algunos padres con la Primera Comunión de sus hijos. Lo importante para ellos son estos detalles externos: el traje que el niño viste, las fotos o el vídeo, los regalos que recibe, etc
En cambio la catequesis previa que la Iglesia pide: saber que el Pan del Cielo con que se va a alimentar por vez primera su hijo para iniciar con fortaleza espiritual la vida de adolescente y adulto, esto parece que no tiene mayor importancia para ellos.

           Necesitamos comulgar, necesitamos fortaleza espiritual para librar las grandes batallas que la vida nos exige aquí en al tierra. Pero no comulguemos rutinariamente o simplemente por cumplido.
El hecho de comulgar debe ser un acto consciente y libre, que se hace sólo por fidelidad a la propia vocación cristiana, no por otros motivos puramente humanos. La Comunión nos exige antes una reconciliación con Dios y con los demás, a través del sacramento de la Penitencia, sobre todo si tenemos conciencia de haber ofendido gravemente la Ley de Dios y las grandes normas de la Iglesia.  

"PADRE, PAN, PERDÓN", EN LA ORACIÓN DEL CRISTIANO

                                           
 
    Traemos hoy a esta portada de Pobo de Deus el texto resumido de la homilía del papa Francisco en la misa celebrada en el Palexpo de Ginebra el pasado 21 de junio, Padre, Pan, Perdón, son las tres palabras que centraron el tema de dicha homilía.

                                          UNA INVOCACIÓN FILIAL
   
   PADRE - así comienza la oración que Jesús nos enseñó-. La palabra "Padre" es la llave de acceso al corazón de Dios; porque sólo diciendo Padre rezamos en lenguaje cristiano. Rezamos "en cristiano"  no a un Dios genérico, sino a un Dios que es sobre todo Papá.
                                                                                             De él procede toda paternidad y maternidad (Ef 3,15) En él está el origen de todo bien y de nuestra propia vida. "Padre nuestro" es por tanto la fórmula de la vida, la que revela nuestra identidad: somos hijos amados.

      No nos cansemos de decir "Padre nuestro": nos recordará que no existe ningún hijo sin padre y que, por tanto, ninguno de nosotros está solo en este mundo. Pero nos recordará también que no hay Padre sin hijos: ninguno de nosotros es hijo único, cada uno debe hacerse cargo de los hermanos de la única familia humana. Diciendo "Padre nuestro" afirmamos que todo ser humano nos pertenece y estamos llamados a actuar como hermanos, como buenos custodios de nuestra familia, y esforzarnos para que no haya indiferencia hacia el hermano: ni hacia el niño que todavía no ha nacido, ni hacia el anciano que ya no habla...

                                             EL PAN DE CADA DÍA

    PAN. Jesús nos dice que pidamos cada día el pan al Padre, es decir, lo esencial para vivir. El pan es sobre todo la comida suficiente para hoy, para la salud, para el trabajo diario; la comida que por desgracia falta a tantos hermanos y hermanas nuestros. Por eso digo: ¡Ay de quién especula con el pan! El alimento básico para la vida cotidiana de los pueblos debe ser accesible a todos.

   Pedir el pan cotidiano es decir también: "Padre, ayúdame a llevar una vida más sencilla". Valorar lo sencillo que tenemos cada día, protegerlo: no usar y tirar, sino valorar y conservar.

   Además, el "Pan de cada día", no lo olvidemos, es Jesús. Sin él no podemos hacer nada (Jn 15,3) Él es el alimento primordial para vivir bien.

                                             EL PERDÓN DE LAS OFENSAS

    PERDÓN. Es difícil perdonar, siempre llevamos dentro un poco de amargura, de resentimiento, y cuando alguien que ya habíamos perdonado nos provoca, el rencor vuelve con intereses. Pero el Señor espera nuestro perdón como un regalo. Nos debe hacer pensar que el único comentario original al Padre nuestro, el que hizo Jesús, se concentre sobre una sola frase: "Porque si personáis a los hombres sus ofensas, también os perdonará vuestro Padre celestial, pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas" (Mt 6, 14-15). Sí, Dios nos libera de todo pecado pero quiere que cada uno de nosotros otorgue una amnistía general a las culpas ajenas.        

ENVIAD VUESTROS HIJOS A LA CATEQUESIS PARROQUIAL

    
           Con el mes de septiembre empieza un nuevo curso académico y los padres se preocupan, como es natural, de enviar sus hijos al colegio.

                     Ahora bien, coincidiendo más o menos con el curso académico, se inaugura también  en nuestras parroquias el curso catequético o la catequesis parroquial de niños y adolescentes. Y ¿en qué días se imparte este curso? Normalmente suele hacerse en la mañana o la tarde del Domingo, o en algún otro día de la semana. Cada parroquia tiene su propio horario. Lo importante es que no falte esta catequesis.
                                      Nosotros desde aquí queremos recordar a los padres la obligación que, como padres cristianos, tienen de educar la fe de sus hijos. Ellos, en el ámbito familiar, son los primeros responsables de esta educación.

                                              LA CATEQUESIS PARROQUIAL

                      Ahora bien, la Iglesia como tal siente un interés especial por esta educación y se ofrece gustosa a colaborar con los padres mediante la catequesis parroquial. Esta catequesis tiene una especial importancia en la vida del niño y del adolescente porque, además de hacer que éste descubra la persona de Jesucristo con su mensaje de salvación, se entusiasme con Él y trate de imitarlo, le lleva a descubrir otro aspecto muy importante en la vida del cristiano: su dimensión comunitaria. Un cristiano como tal debe sentirse siempre miembro de una comunidad, que es la Iglesia, y sentir también como propio cuanto a esta Comunidad afecta.

                                         NO BASTA LA CLASE DE RELIGIÓN

     Hay padres que dicen: "Mi hijo ya tiene clase de religión en el colegio y, por tanto, no necesita asistir a la catequesis parroquial". Pero esto no vale. Hay que advertir que clase de Religión y catequesis son dos cosas importantes pero diferentes. Lo que se busca en la clase de Religión es simplemente transmitir al alumno unos conocimientos sobre la Religión Cristiana, una cultura religiosa. En cambio, la catequesis va más allá: además de comunicar unos conocimientos religiosos, trata de hacer que el niño o el adolescente viva la fe en todos los momentos y situaciones de su vida y se sienta miembro de la comunidad creyente. Son dos planteamientos muy distintos.

                  Por consiguiente, padres: enviad vuestros hijos a la catequesis parroquial y procurad estar en contacto con el sacerdote de la parroquia y con sus catequistas igual que sin duda, lo estáis con los profesores del colegio.

NO DESTRUIR EL DOMINGO

                                                      
         
            El Domingo es un día que los cristianos hemos distinguido siempre, considerándolo como nuestra fiesta semanal. En los últimos años el Magisterio de la Iglesia ha publicado varios documentos alusivos al domingo, destacando su origen y su significado como "Día del Señor".

    Un elemento típico de este día es el descanso dominical, obligatorio ya desde el siglo IV. Descanso que ha hecho también  suyo toda la sociedad civil, considerándolo un verdadero logro social.
            Sería lamentable, eso sí, que la sociedad de consumo, con el fenómeno nuevo del "fin de semana" y la libertad de horarios comerciales en días festivos hiciera peligrar el sentido cristiano del domingo y que el mismo ocio dominical se viviera sin sosiego y con frenesí.

                                                LA PATOLOGÍA DEL OCIO

   Todas las fiestas, entre ellas el domingo, contribuyen a humanizar la existencia y a recomponer la armonía interior de la persona, rota muchas veces por el estrés y el cansancio  de la vida laboral diaria. Lo malo es cuando el ocio se vive de forma estresante, al buscar la gente formas de evasión que comprometen el equilibrio psicológico y que, a veces, ponen en peligro la misma vida humana.
Este clima no facilitaría la auténtica celebración del domingo.

                                                         ES UN DÍA DISTINTO

        Sí, el domingo no es sólo un día de entretenimiento. Es un espacio para que el hombre pueda mantener su propia dignidad alabando a Dios y liberándose del trabajo y de la actividad sin descanso.

  Es necesario, por otra parte, mantener la identidad del domingo aun dentro del "fin de semana", mediante signos que den testimonio de que el domingo es un día distinto, fiesta para el Señor y fiesta para los hombres.
                              Entre estos signos debemos destacar la MISA o ASAMBLEA EUCARÍSTICA, a la que los cristianos debemos ser totalmente fieles, porque en ella va la pertenencia a la Iglesia y la conciencia de la propia identidad cristiana.
                                                                     Y, por supuesto, además de la Misa hay otros signos muy propios del domingo como la oración en familia, el compartir la mesa y el tiempo libre, las obras de caridad, la alegría e incluso el vestido de fiesta.